Con un vaporcito blanquecino que subía, el cuerpo tremendo y sexy de Daniela quedó a la vista. El agua cristalina resbalaba alegremente por sus curvas de infarto. Bajaba de las montañas, cruzaba las llanuras, y finalmente, caía por sus largas y blancas piernas… Todo ese panorama hermoso, entre la bruma, se le aparecía a Faustino de forma tenue. Aunque estaba medio preparado, Faustino se quedó un poco pasmado al ver el cuerpazo de Daniela.
— ¡Caray, no me imaginaba que esta tipa tenía tanta carn