Capítulo 447
Antonio y Leonardo, humillados públicamente por los accionistas, estaban furiosos.

Al ver que Faustino no tenía ninguna intención de dejarlos volver a la empresa.

Cegados por la ira y la vergüenza, exclamaron:

—Muy bien, Faustino, Ximena, si ustedes no tienen piedad, no nos culpen por lo que vamos a hacer.

Antonio y Leonardo intercambiaron miradas.

Sus ojos brillaban con malicia.

Antonio inmediatamente gritó a la multitud que compraba frenéticamente el Elixir de Belleza:

—¡No se dejen engañar! ¡
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