—¡No lograrán nada mientras yo esté aquí!—gruñó Armando con enfado.
—¡Sí, váyanse de inmediato, este no es lugar para ustedes!—añadió Rafael con severidad.
Como policías experimentados, ambos reconocieron al instante que Lisy y los demás solo buscaban apoderarse del dinero de Faustino. Armando ordenó a varios oficiales que los echaran cuando intentaron protestar.
—¡No podemos irnos así!—susurró Lisy mientras se alejaban—. Nos quedaremos cerca y cuando se vayan los policías, iremos a exigir el di