Como antes, Alice tomó los dedos de Faustino y los succionó con fuerza, envolviéndolos y apretándolos con su lengua.
Cuanto más chupaba, más relajada y placentera se veía su expresión facial, como una verdadera adicta.
Faustino incluso llegó a sospechar que ella tenía una aspiradora en la boca, la succión era demasiado fuerte, le había metido todo el dedo en la boca.
Mariana, a un lado, observaba cómo Alice se volvía cada vez más adicta, su rostro mostraba una expresión de incomodidad creciente.