Lisy, sintiéndose completamente inocente, comenzó a gritar:
—Jajajaja... ¿Ustedes se creen mis parientes? Al final, solo quieren dinero, ¿no?
Faustino, enfurecido, se rió con amargura. Su corazón hervía de rabia.
—Bien, ya que lo han dejado claro, seré directo. Solo iba a pedirte 300.000, para que siguieras construyendo la casa. Pero ahora, que has herido a Adrián y le has roto la pierna a tu tío, no se arreglará esto por menos de un millón.
Lisy abrió la boca como una leona.
—¿Un millón? ¿Te