DEMETRIA
Me quedé boquiabierta. "¿Adónde vamos?", le pregunté. Un elegante helicóptero negro descansaba sobre la pista, con las hélices inmóviles, pero la promesa de aventura se palpaba en el aire. Siento curiosidad.
Marion sonrió con suficiencia. "Vamos, vámonos. No queremos hacer esperar al piloto".
Subí, con los asientos de cuero frescos bajo mí. El despegue fue suave, casi irreal; la ciudad se encogía bajo nosotros mientras nos elevábamos hacia el cielo. Se me aceleró el pulso, no por la a