DEMETRIA
Me quedé boquiabierta. "¿Adónde vamos?", le pregunté. Un elegante helicóptero negro descansaba sobre la pista, con las hélices inmóviles, pero la promesa de aventura se palpaba en el aire. Siento curiosidad.
Marion sonrió con suficiencia. "Vamos, vámonos. No queremos hacer esperar al piloto".
Subí, con los asientos de cuero frescos bajo mí. El despegue fue suave, casi irreal; la ciudad se encogía bajo nosotros mientras nos elevábamos hacia el cielo. Se me aceleró el pulso, no por la altura, aunque eso sin duda ayudó, sino por la emoción del secreto de Marion. Se recostó en su asiento en cuanto subimos, con aspecto despreocupado.
"Mar...", comencé.
Me interrumpió y dijo: "Disfruta del viaje, Wildfire. Destino desconocido".
No tenía ni idea de adónde íbamos, y la habitual sonrisa burlona de Marion no ayudó. Cada vez que le hacía una pregunta, inclinaba la cabeza y murmuraba algo como: "Ya verás", y yo gemía de frustración.
El helicóptero zumbaba por el cielo que se oscurecía;