DEMETRIA
Mientras tanto, en la panadería…
—¡Felicidades, Anas! —grité a gritos, feliz por mi amiga. Ahora es prometida—. ¡Me alegro muchísimo por ti! Tenemos que prepararnos para una boda mexicana, ¿eh? —bromeé.
—¡Claro, Deme! —La risa de Anastasia resonó en la línea, llena de alegría—. No vas a creer lo que hizo. ¡Dios mío, fue perfecto! Como de telenovela.
Me incliné hacia adelante en la silla, sonriendo. —¡Cuéntame! No me dejes en la estacada.
—Vale, vale. —Respiró hondo, pero le temblaba la