DEMETRIA
Mientras tanto, en la panadería…
—¡Felicidades, Anas! —grité a gritos, feliz por mi amiga. Ahora es prometida—. ¡Me alegro muchísimo por ti! Tenemos que prepararnos para una boda mexicana, ¿eh? —bromeé.
—¡Claro, Deme! —La risa de Anastasia resonó en la línea, llena de alegría—. No vas a creer lo que hizo. ¡Dios mío, fue perfecto! Como de telenovela.
Me incliné hacia adelante en la silla, sonriendo. —¡Cuéntame! No me dejes en la estacada.
—Vale, vale. —Respiró hondo, pero le temblaba la voz de la emoción—. Salimos a cenar el sábado por la noche, ¿sabes?, a nuestra azotea favorita del centro. Pensé que era una cita normal. Pero cuando llegamos, el lugar estaba lleno de velas, música, de todo. Y entonces —chilló—, ¡entraron mis padres! Di un grito ahogado, llevándome la mano a la boca. "Ni hablar. ¿De México?"
"¡Sí!", exclamó. "Los trajo en avión sin decirme nada. No podía creerlo. Mi mamá lloraba y mi papá parecía tan orgulloso. Y entonces, ahí mismo, delante de ellos, se arrod