DEMETRIA
“Saliste temprano del trabajo”, le dije a Marion mientras nos relajábamos en el sofá, bebiendo mi vino tinto.
“Paula apareció”, dijo sin rodeos.
Me puse rígida, arqueando una ceja. “¿Y?”
“Y terminé la conversación antes de que fuera más allá. Seguía hablando de lo que dijeron sus amigas”.
Lo miré despacio, con expresión indescifrable. “¿Lloró?”
“No lo suficiente”.
Resoplé, negando con la cabeza mientras le daba la vuelta al filete. “Eres cruel”.
“Te gusta”.
“Lo tolero”.
“Lo anhelas”.
“