DEMETRIA
“Saliste temprano del trabajo”, le dije a Marion mientras nos relajábamos en el sofá, bebiendo mi vino tinto.
“Paula apareció”, dijo sin rodeos.
Me puse rígida, arqueando una ceja. “¿Y?”
“Y terminé la conversación antes de que fuera más allá. Seguía hablando de lo que dijeron sus amigas”.
Lo miré despacio, con expresión indescifrable. “¿Lloró?”
“No lo suficiente”.
Resoplé, negando con la cabeza mientras le daba la vuelta al filete. “Eres cruel”.
“Te gusta”.
“Lo tolero”.
“Lo anhelas”.
“Te daré con esta botella”.
“Soportaré el dolor”.
No pude ocultar una sonrisa. Marion rió entre dientes. Observé la curva de su boca, el atisbo de una sonrisa curvándose hacia un lado, como si supiera exactamente lo que me estaba haciendo. Odiaba eso. O tal vez me encantaba. Sinceramente, últimamente no notaba la diferencia.
Mis ojos se posaron en sus labios sin poder contenerme. Apenas unas horas antes, me había besado de esa forma silenciosa y arrogante que tiene, como si no necesitara permiso