El emporio Thornhill nunca había estado tan lleno de vida como aquellos días. Desde que Aldric había confiado en Bianca como su asistente personal, la rutina laboral había adquirido un matiz diferente, cargado de una electricidad sutil que vibraba en cada reunión y cada decisión. Ella no solo ejecutaba cada instrucción con perfección impecable, anticipando sus necesidades con una intuición casi sobrenatural, sino que también inyectaba una energía nueva, fresca y vibrante, que contagiaba a todos