La cena fue un ejercicio de tortura para Alessandro. Tatiana no paraba de hablar, su superficialidad llenando el comedor de anécdotas vacías sobre fiestas en los mejores clubes y compras en Milán. Sus comentarios siempre llevaban un doble filo; críticas veladas a lo difícil que debía ser madre y lo arruinada que se veían algunas mujeres por esto, o bromas mordaces sobre la vida doméstica que Alessandro llevaba ahora.
Él apenas probó bocado. Ver a Audrey mantenerse cortés pero distante, y notar