La presencia de Tatiana en la mansión no era una simple casualidad geográfica ni un capricho de paso; era un movimiento calculado en un tablero que ella misma había diseñado. Mientras observaba a Audrey alejarse con los niños, Tatiana sonrió con una frialdad que helaba la sangre. Su padre, Viktor Sokolov, el hombre que había rescatado a Alessandro de las cenizas, había empezado a presionar. Viktor quería ver a su única heredera casada y con un futuro sólido, por lo que se había dedicado a prese