Audrey se separó lentamente del pecho de Alessandro, sintiendo el frío de la tarde filtrarse en el tejido de sus ropas mojadas. El calor que emanaba de él era lo único que la mantenía anclada a la realidad. Al alejarse, bajó la mirada, dándose cuenta de que no solo su propia ropa era un desastre, sino que había empapado la camisa de él con sus lágrimas y el agua salada que aún goteaba de su cabello.
—Lo siento... —susurró con la voz quebrada, pasando el dorso de su mano por sus mejillas para li