El regreso a la conciencia fue violento. Un espasmo doloroso sacudió su pecho y Audrey comenzó a toser de forma convulsiva, expulsando el agua salada que ardía en sus pulmones. Sentía la garganta en carne viva y la piel helada.
—Respira, Audrey. Despacio —una voz firme, cargada de una vibración que ella no reconoció de inmediato, le llegó desde la niebla.
Abrió los ojos con dificultad. Estaba en la sala de la casa de la playa, envuelta en varias mantas térmicas. Lo primero que vio fue el rostro