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En la habitación contigua, Alessandro tampoco encontraba el descanso. Sentado en un sillón frente al ventanal de su dormitorio, observaba la oscuridad del mar. Se sentía vulnerable, una sensación que detestaba. Estaba siendo difícil mantener el odio hacia los Sullivan cuando la presencia de Audrey en su casa, y ahora en su vida de forma tan íntima, nublaba su juicio. Peor aún era el recuerdo del beso que le había robado días atrás; el sabor de sus labios se filtraba en sus sueños, recordándole q