La luz de la tarde se filtraba de forma oblicua a través de los ventanales de la sala de juntas, dibujando líneas afiladas sobre la superficie de cristal donde los planos del hotel descansaban como un rompecabezas de ambición. Audrey ocupó su lugar habitual, tratando de que el roce de su cuaderno contra la mesa no delatara el leve temblor de sus dedos. Sabía que la dinámica de poder aquí era distinta, pero verla en acción siempre le provocaba un choque eléctrico en el sistema.
Alessandro Di Gio