El viaje desde el Acantilado hasta la costa fue un trayecto cargado de una energía nueva, vibrante y casi eléctrica. Los gemelos no dejaban de mirar por las ventanillas, señalando cada destello del océano que aparecía entre las colinas. Cuando Alessandro ordenó al chófer detenerse frente a un parque de atracciones que se alzaba como un reino de luces y colores frente al mar, el silencio de asombro de los niños fue total. Alessandro, con su habitual eficiencia y poder, había alquilado el recinto