La mañana se filtró por las cortinas de la mansión con una claridad que parecía reflejar el nuevo orden de las cosas. Para Audrey, el despertar fue inusualmente ligero; la confesión de la noche anterior aún vibraba en las paredes de su memoria, quitándole el peso de la incertidumbre pero añadiéndole el vértigo de lo desconocido.
Al bajar al comedor, el aroma que inundaba el pasillo la detuvo en seco. No era el habitual olor a café negro y tostadas integrales que Alessandro prefería. Era algo má