Alessandro dejó el dibujo sobre el escritorio, pero su mente no pudo encontrar la paz que el trazo infantil de Emma sugería. La imagen de Tatiana seguía grabada en su retina como una advertencia persistente. Ella no había aparecido en Dubái solo para saludar; su presencia era el preludio de algo más grande y, para él, mucho más complejo de gestionar que cualquier auditoría financiera.
Se puso en pie y caminó hacia el ventanal del despacho, observando cómo el azul profundo de la madrugada empeza