El zumbido monótono de los motores del jet privado era lo único que llenaba el vacío asfixiante de la cabina de lujo. Audrey se mantenía pegada a la ventanilla, observando cómo las nubes se deshacían bajo el ala de metal como jirones de algodón. En su regazo, una revista de negocios de la que no había procesado ni una sola línea servía de escudo visual. Su teléfono seguía siendo un rectángulo negro e inútil; la falta de comunicación era una tortura psicológica que la consumía por dentro. Imagin