Mientras tanto, en una oficina acristalada del centro de la ciudad, el ambiente era radicalmente distinto. El aire estaba cargado de hostilidad contenida. Alessandro, vestido con un traje oscuro que acentuaba su mandíbula tensa, permanecía sentado frente al abogado de los Sokolov. Marcus, a su lado, mantenía una expresión de vigilancia férrea.
El abogado de Víktor, un hombre de ademanes cínicos que parecía disfrutar del conflicto, carraspeó antes de hablar.
—Señor Di Giovanni, mi cliente, el se