La penumbra de la madrugada aún envolvía la mansión cuando el sonido metálico de un mensaje de texto hizo vibrar el escritorio de cristal del pelinegro. No necesitaba mirar la pantalla para saber que eran noticias de Dubái, o quizás otro informe de seguridad sobre la mujer que ocupaba la suite de arriba. Alessandro se frotó las sienes, sintiendo el peso de un insomnio que ya no era una elección, sino una condena. Había cancelado reuniones estratégicas y paralizado acuerdos que llevaban meses en