El silencio en la sala era denso, casi sólido, interrumpido únicamente por el murmullo amortiguado del aeropuerto que quedaba tras los cristales reforzados. Audrey sentía que el oxígeno escaseaba; cada vez que Alessandro exhalaba, parecía arrebatarle una parte del aire que ella necesitaba para mantenerse en pie. La cercanía del hombre era una presencia física abrumadora, una mezcla de magnetismo prohibido y un peligro que erizaba cada vello de su piel.
—No soy un objeto, tengo voz y voto. Tus a