—Gracias —dijo Naomi con una inclinación de cabeza hacia Vincent, que la había escoltado a casa esa noche.
Su voz era suave y apenas vencía el murmullo del viento nocturno que se colaba por el corredor del viejo edificio de departamentos donde vivía. Vincent permanecía a unos pasos de ella, con la misma postura erguida y vigilante que llevaba desde que se encontraron por primera vez.
Él asintió brevemente.
—Señorita, ponga mucha atención. —Su tono era bajo pero firme, suficiente para que Naomi,