—Eso no nos importa —respondió con desenfado, sin emoción alguna—. El señor Falcon quiere verte.
Aquello no sonaba a una petición. Era una orden, una de esas que se dan por obedecidas. Naomi negó enseguida.
—Ya les dije que iré más tarde. —Puso un leve énfasis en el “más tarde”, como si fuera el último límite al que podía aferrarse.
Pero el hombre no se movió. Tampoco cambió de expresión.
—No —respondió el hombre sin más.
Fue una sola palabra, firme y definitiva.
—Ahora.
El ambiente se volvió op