—Disculpen.
Su voz era tranquila... y aun así rompió la tensión que dominaba el ambiente.
—¿Hay algún problema?
Los tres hombres se volvieron casi al mismo tiempo. Observaron a Lydia con miradas agudas y calculadoras. Naomi también volteó, con los ojos muy abiertos.
—No, esto no es...
—Es un asunto privado —la interrumpió uno de los hombres con sequedad. La recorrió con la mirada de pies a cabeza para evaluar qué tanta amenaza representaba.
Lydia no retrocedió ni un centímetro.
—En ese caso —dij