—Cale —susurró Lydia.
La habitación era demasiado espaciosa para considerarla una simple suite de hotel. Los ventanales ofrecían una vista panorámica del centro de Berlín desde lo alto; las luces comenzaban a encenderse como estrellas esparcidas sobre la tierra.
Pero la vista no era el único detalle sorprendente.
Había pétalos de rosa dispuestos con cuidado en varias partes de la habitación. Una mesita junto a la ventana estaba decorada con velas aromáticas. Varias botellas de buen vino permanec