—Llegamos, señora Selena —dijo Smith mientras le abría la puerta.
Selena bajó con su elegancia de siempre, sin ofrecer respuesta más allá de una mirada fría hacia el edificio que tenían enfrente. A su lado, la adolescente de apariencia sencilla pero llamativa se mostró mucho más cortés: alguien que sabía dar las gracias.
—La esperaré en el estacionamiento, señorita Eli.
—Gracias otra vez, señor Smith. —Eli hizo una pequeña reverencia acompañada de una suave sonrisa.
Pero Selena la tomó de la man