El aeropuerto de Solaviz bullía con su caos habitual de mediodía: maletas rodando, anuncios resonando, el zumbido de partidas interminables. Sin embargo, para Althea, el mundo parecía moverse en cámara lenta. Caminaba al lado de Chase, sosteniendo con fuerza la pequeña mano de Josh, como si temiera que soltarlo, de algún modo, le quebrara la calma que apenas la sostenía.
—Siéntate un momento, cariño —dijo Chase cuando notó que ella tomaba aire. Le acercó una silla y la ayudó a sentarse antes de