—Josh, despacio, cariño —le recordó Althea mientras le acercaba a los labios un trozo de melón. El niño masticaba contento, asintiendo con una sonrisa, como si el sabor dulce pudiera borrar por un instante el dolor que mantenía rígidos sus movimientos.
Kate, sentada no muy lejos de Josh, sonrió ampliamente.
—Es igualito a mí cuando era pequeña, Althea. Cuando algo me gustaba, no podía dejar de comerlo.
Riana Miller rio.
—Me da mucho gusto que le haya vuelto el apetito, señora Callister. Hace ape