—Estoy seguro de que la señora Callister se alegraría si entraras —murmuró Chase, con la mano apoyada con suavidad en el hombro de Althea.
—¿En serio crees eso? —preguntó ella, dudosa.
Chase asintió sin dudar.
—Aquí te espero. Después vamos a ver a Josh juntos. Sé que va a quererte a su lado.
Althea respiró hondo, con el aliento tembloroso, antes de empujar lentamente la puerta de la habitación de Kate.
—Ah, viniste —dijo Kate con una sonrisa luminosa, la voz débil pero cálida.
Althea vaciló, si