Althea apenas podía esperar a que llegara ese día. Pero hoy tenía el corazón puesto en otra cosa: visitar la tumba de su madre y llevar a Josh para presentarle a la abuela que nunca conoció. Y, por supuesto, no podía irse sin pasar también por el lugar de descanso de Evelyn Callister. Althea jamás olvidaría a esa mujer bondadosa.
—¿Pasó algo? —insistió Chase con delicadeza, con mucha paciencia en su tono.
Con un suspiro silencioso, Althea giró el teléfono para que él pudiera ver la pantalla.
—Es