—Lo sé. —Las lágrimas volvieron a brotar mientras Althea se llevaba una mano temblorosa al pecho—. Cada palabra que digo me pesa como una carga, Felicia. No me niego a recibir ayuda porque no la necesite. Estoy protegiendo a Josh de algo que podría lastimarlo más adelante. Puedes llamarme terca, pero soy madre. Una madre no puede bajar la guardia.
El silencio las envolvió por un momento, roto solo por los pasos ocasionales de las enfermeras que pasaban.
Felicia por fin tomó aire con fuerza.
—Est