Capítulo 48

La mañana llegó densa y tibia, con el olor de tierra húmeda que se pegaba a las baldosas del patio. Zeynep abrió las ventanas de su despacho como quien despeja una mesa de trabajo: movió papeles, guardó notas y dejó espacio para lo que tenía que nacer ese día. La clínica ya no era un proyecto improvisado; era un organismo con flujos, responsables y necesidades que pedían previsibilidad. Esa previsibilidad la protegía y la exigía a la vez.

Entró Arda con la tablet en la mano y una exactitud amab
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