Dante
Escuchaba a mi padre respirar. Ya le había dicho que sabía desde hace mucho que esto era una prueba más para nosotros.
—Si no se desprenden y muy seguro no lo harán por ser su naturaleza. Sin embargo, nosotros debemos hacerlo solos.
—Es el pasado, Dante. Nuestro pasado es el que puede salpicarlos a ustedes. No vamos a permitirlo.
—Entonces sigan como hasta ahora, pero poco a poco irán perdiendo el control del cuartel. De lo contrario, no seremos dignos, papá.
—Dignos ya lo son. Cada uno de ustedes ayer demostraron ser dignos de nuestro respeto.
—Me haces sentir que no. Todo es una constante prueba.
—Porque todo lo es. Es la única manera de no caer en el error de la arrogancia del sabelotodo. Recuérdalo.
—Pueden regresar cuando lo deseen.
—Desde lejos se ven a los enemigos; tenlo presente. Y es la mafia, hijo, la que se acerca.
—Heredamos un legado, pero somos conscientes del lastre que ustedes arrastran. Por eso déjame demostrarles quiénes son los hijos del cartel, quiénes son