Isaac
Escuchaba con atención lo que Milena decía. Pero eso comprobaba una vez más que Dante tuvo razón de nuevo. Nuestros padres sabían más de lo que nos hicieron creer y ahora dudo que no nos estén vigilando. Después de todo, este complejo lo crearon ellos y había cámaras, sensores por todos lados.
Crucé la mirada con él, ya lo habíamos hablado, la idea de ir sacando nuestro propio sistema, y ese iba a ser el trabajo de Milena. De hecho, ya tenía los celulares adicionales para nosotros, para que nuestros padres no los tengan clonados. Debíamos enseñarles que ya era hora de que nos soltaran de verdad.
—¿Ezequiel? Es hora.
El ruso lo miró, alzó la ceja y se sentó en su puesto de trabajo. No se habló nada más y dos minutos después se levantó.
—Solo estará inhabilitado el sistema por media hora. —Dante miró a Milena.
—¿Por cuánto tiempo quieres que nuestros padres no vean lo que se dice y habla aquí?
—Ojalá siempre, pero con una hora será suficiente. Esa será tu misión, Mile. Instalar n