Dayana
Íbamos a más de ciento noventa kilómetros. Nos habíamos desviado; los chicos continuaron en la vía principal y nosotros seguíamos la ubicación de Rafa. Yo le indicaba; tenía su celular en la mano rastreando al pequeño.
—Los estamos alcanzando.
—Bien, porque debo regresar a darle soporte a los otros.
No dije nada, tenerlo de nuevo tan cerca, percibiendo su aroma… Estás jodida, Dayana. Volví a pensar en lo que pasó antes de subir a la moto con él.
Los chicos se habían puesto su traje, Seb