Melisa
Había pasado una semana desde la ida de mis padres y de haber entregado la misión; ya me sentía más ligera, por lo menos no tenía que fingir el estar con otros. Ya era momento para pensar en mí. Enrique no me había llamado desde que lo dejé plantado en la fiesta de su grado. Teníamos varios meses de no intimar. En mi último trabajo debía coquetear con un hombre cuarentón.
Cuando le conté mis sospechas a Roland, se pusieron a investigar y luego tomé varias sesiones con una psicóloga y se