Enrique
Miraba y miraba el celular sin saber si le contestaba a Melisa. Vernos en el hotel donde hemos fornicado todo este tiempo era ir directo a culear seguro. Y aún sentía molestia por su desplante. Mañana era mi viaje a Bogotá.
—Io En.
Sonreí ante Rafa, que había llegado a mi silla en el comedor en su caminador. Somos: Io En, Io Da, Io Lin.
—¿Quieres que te cargue, campeón? —extendió sus brazos.
Carmela comenzó a arreglar la mesa para servir el almuerzo. Le encanta hacerlo; era el ama de ll