Andrea
Desde que había llegado con mi madre, me encerré en el cuarto a llorar. Ni yo podía con mi propia vergüenza. Y hace unos minutos, cuando escuché a mi madre discutir con papá, no resistí más. Una necesidad que nunca había sentido creció desde mis entrañas. Salí de la cama para arrodillarme.
La abuela suele rezar mucho, ella mantenía una relación directa con Jesús, le nace de manera natural llamarlo mi Padre celestial. Pero yo no sé por dónde empezar. No quería que mis padres sufrieran por