Dos años atrás
Enrique Vargas
Llevábamos cinco días de caminatas largas. No hemos descansado como era debido, el frío lo tenía impregnado en los huesos. Comíamos una sola vez al día algo medio decente, caliente cuando llegábamos al lugar donde montábamos el campamento. Victoria se resbaló y alcancé a sostenerla.
—Ya no puedo dar un paso más.
—Si lo harás, mi compañera de aventuras. Mira que ahora soy una vergüenza cada vez que voy a mear —arrugó su frente.
No creo que Victoria sea aún virgen, t