Dos años atrás
Enrique Sandoval
Le calentaba las manos heladas a Melisa. Esta mujer era un témpano de hielo, por más que la carpa con el humo del agua que estamos hirviendo para mantener tibio el lugar le brinda algo de calor.
—Odio este lugar. Te juro, Niño, que ya quiero irme.
—¿Piensas dejarme solo?
—Tú disfrutas de esto, aunque digas que no, tú y Dante parecen uno solo. Desde esa pasada de obstáculos, cuando trabajaron entre los dos, lograron calmar los nervios de Dayana. Instruir a Liam y