Melisa
Salía de la cita médica para verificación de mis costillas rotas. Enrique me había acompañado y no fue nada agradable para él escuchar que dos estaban sanando y, en una semana, si me sigo cuidando, debían haber cerrado, pero tengo otra que aún requiere de más tiempo.
—¿Sigues enojado conmigo?
—Contigo no, mi amor. Con el médico ese que me obligó una vez más a posponer un desfogue carnal.
—Eres imposible. Todo es sexo para ti.
—¿Ahora me va a decir la señorita que no desea sentirme en su