Sebastián
Papá dejó de despellejar el antebrazo para darle un puño con una fuerza descomunal en la nariz. Aunque papá era más bajo que Luis, tenía más fuerza y temple.
—¡CÁLLATE! Si vas a hablar, di algo que nos parezca interesante de saber.
Continuó su labor. Los gritos, la sangre, la indiferencia por parte de ellos y el desconcierto por parte de nosotros continuaron.
—Solo era un informante. Nada más.
Comenzó a hablar. Sin embargo, ellos no le prestaron atención. Papá continuó. La piel estaba