Sebastián
Roland había cambiado la mirada, miró a su equipo y de último miró a papá, fueron varios minutos hablando en ese idioma que solo un grupo de amigos que por años se conoce. Comenzó a caminar; el cartel lo siguió, luego lo hicieron los dos jefes de la mafia. Miramos a Dante y supimos que veríamos a nuestros padres en una faceta desconocida. Íbamos a seguirlos cuando Roland habló.
—Arnold, Demetrio y Dante… —Miró a Dayana—. Simón e Isaac… —Luego miró a Milena—. Siendo su tío, no me gusta