A las 3:44 AM, Max llegó al mundo.
Y en el instante exacto en que llegó, todo cambió.
El primer sonido que hizo no fue un llanto completo. Fue una protesta breve, húmeda, casi indignada, como si ya desde el primer segundo estuviera dejándole claro al mundo que no le había pedido permiso para recibirlo así: con tanta luz, con tanto frío, con tanto ruido.
Después vino el aire.
Después vino el llanto entero.
Y después de eso, la habitación dejó de ser solo una sala de parto.
Se convirtió en el luga