Dos semanas después de que la Mansión se convirtiera oficialmente en el búnker de los herederos, la paciencia de Aurora se agotó. La combinación del encierro, los mareos constantes y la avalancha de hormonas la tenía al borde del colapso.
Valentina era una guardiana incansable, pero incluso su presencia constante se sentía opresiva.
Una tarde, mientras Alessandro estaba en la sala de guerra con Valeria y Marco JR revisando los protocolos de seguridad, Aurora se deslizó hasta la terraza priva