Eran las tres de la mañana. Solo quedaban unas pocas horas antes de que expirara el ultimátum de Silvio Moretti. La Mansión Vieri estaba inmersa en una oscuridad pesada, pero la sala de guerra ardía con luz.
Alessandro y Aurora se preparaban para ejecutar la decisión más radical en la historia de la familia: la exposición pública de los activos restantes de Demian.
—Esto es más grande que cualquier cosa que Demian o Silvio hayan imaginado —dijo Alessandro, sus ojos fijos en la pantalla—. Estamo