La mañana después de la ejecución del plan de autodestrucción, la Mansión Vieri era el ojo de un huracán mediático y financiero. Alessandro había quemado el tablero, y el fuego se extendía rápidamente.
En la sala de guerra, los monitores bullían con noticias de última hora: la fortuna oculta de Demian Vieri, expuesta al mundo, estaba causando una convulsión en Milán y Roma. La prensa hablaba de fraude masivo, corrupción política y la inminente intervención del Consiglio en la Costa Norte.
—¡