El ambiente en la casa de campo, después de la noche de conflagración, no era de alivio, sino de una intensidad escalofriante. Habían cruzado el umbral, y la química que ahora existía entre Alessandro y Aurora era una fuerza táctica, un acuerdo silencioso forjado en el caos y el deseo. Alessandro no volvió a mencionar la desobediencia de Aurora ni el destino de su padre; el beso había reemplazado a todas las palabras.
Esa mañana, estaban de regreso en la mesa de guerra, la proximidad física aho