El comedor principal de la mansión Vieri era una extensión de la frialdad de su dueño. Lujoso, con un candelabro de cristal que colgaba sobre la larga mesa de mármol, pero silencioso. Hoy, la opulencia se sentía como una prisión.
Demian Vieri estaba sentado en la cabecera, luciendo más envejecido y tenso de lo habitual. Valeria estaba en el extremo opuesto, inmaculada en su vestido de seda, pero irradiando un hielo que superaba la fría elegancia de la habitación. Matteo y Valentina estaban sent